Con estas fuertes palabras, el hijo de Dios se dirigió a los guías religiosos falsos de su época (Mat 23:33). No solo habían corrompido la fé verdadera sino que también guardaban un odio asesino contra los discípulos de Jesús, difamándolos y buscando a toda costa perjudicarlos.
Hoy día también existen falsos maestros; hipócritas, anticristos, opositores de la verdad que solo buscan perjudicar a los siervos de Dios.
Parece difícil creer que los más acérrimos opositores del pueblo de Dios sean personas que en el pasado formaron parte de sus filas, pero que ahora guardan sentimientos de odio y rencor para con su anterior fé.
A estas personas los Testigos de Jehová las identificamos como apóstatas.
El apostatar consiste en abandonar la adoración de Dios y el servicio a él, o desertar de ellos; en realidad una rebelión contra Jehová Dios. Algunos apóstatas declaran que conocen y sirven a Dios, pero rechazan enseñanzas o requisitos que se exponen en Su Palabra. Otros afirman que creen en la Biblia, pero rechazan la organización de Jehová.
Satanás fue el primer apóstata de la historia. Los apóstatas de la actualidad se parecen mucho a él. Su espíritu crítico hacia los miembros de la congregación, los superintendentes o el Cuerpo Gobernante los ha llenado de veneno. Algunos de ellos se niegan a usar el nombre de Dios, Jehová, y no están interesados en aprender de él ni en servirle. Como su padre, Satanás, los apóstatas atacan a los siervos leales de Dios (Juan 8:44). Esa es precisamente la razón por la que evitamos todo contacto con ellos (2 Juan 10, 11).
También durante el día del Señor se han presentado “apóstoles falsos” que ‘hablan cosas aviesas para arrastrar a los discípulos tras de sí’. (2 Corintios 11:13; Hechos 20:30; Revelación 1:10.) Les parece que hay algo bueno en todas las religiones sectarias en conflicto, afirman que Dios no tiene una organización y niegan que Jesús haya recibido el poder del Reino en 1914. Cumplen la profecía de 2 Pedro 3:3, 4: “En los últimos días vendrán burlones con su burla, procediendo según sus propios deseos y diciendo: ‘¿Dónde está esa prometida presencia de él? Pues, desde el día en que nuestros antepasados se durmieron en la muerte, todas las cosas continúan exactamente como desde el principio de la creación’”.
Estos burlones se rebelan contra la idea de hacer declaración pública de su fe. (Romanos 10:10.) Han buscado el apoyo de los clérigos de la cristiandad y la ayuda de revistas noticieras y estaciones de televisión para esparcir informes mentirosos acerca de sus asociados de antes. Los fieles pronto descubren que el habla y la conducta de estos engañadores están alejados de la verdad. Como los efesios, hoy los cristianos ‘no pueden soportar a los hombres malos’, de modo que los expulsan de sus congregaciones.
Los apostatas y la “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”
Hay personas desleales —como ciertos apóstatas hoy día— que trabajan como agentes de Satanás para socavar la fe de los miembros recién asociados de la congregación cristiana. (2 Corintios 11:13.) En vez de simplemente usar la Biblia como la base para enseñanzas verdaderas, ellos se concentran en tratar de desacreditar la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras, como si los testigos de Jehová dependieran únicamente de esta para apoyar sus creencias. Pero eso no es verdad. Durante la mayor parte de un siglo los Testigos de habla inglesa emplearon principalmente la King James Version (Versión Autorizada), la Douay Version (una versión católica romana), o cualesquiera versiones disponibles en su idioma, para aprender la verdad acerca de Jehová y sus propósitos. Y utilizaron estas versiones antiguas al proclamar la verdad respecto a la condición de los muertos, la relación que existe entre Dios y su Hijo, y por qué solo un rebaño pequeño va al cielo. Las personas informadas también están al tanto de que los testigos de Jehová de cualquier país y habla siguen empleando muchas traducciones de la Biblia en su obra de evangelizar por toda la Tierra. Sin embargo, desde 1961 también han disfrutado de usar la Traducción del Nuevo Mundo en inglés (y después de eso en otros idiomas) con su traducción actualizada y exacta y su amena lectura.
Cuidado con el alimento venenoso que está sobre la mesa de los demonios
El alimento que está sobre la mesa de los demonios es venenoso. Piense, por ejemplo, en el alimento que sirven la clase del esclavo malo y los apóstatas. No nutre ni fortalece; no es saludable. No puede serlo, porque los apóstatas ya no se alimentan de la mesa de Jehová. Como consecuencia, han perdido todo vestigio de la nueva personalidad. No los impulsa el espíritu santo, sino una amargura mordaz. Están obsesionados con un solo objetivo: golpear a sus anteriores coesclavos, como predijo Jesús. (Mateo 24:48, 49.)
Por ejemplo, en el año 1909, el entonces presidente de la Sociedad Watch Tower, C. T. Russell, escribió sobre los que habían abandonado la mesa de Jehová y luego habían empezado a maltratar a sus anteriores coesclavos. La revista Watch Tower (hoy conocida en español como La Atalaya) del 1 de octubre de 1909 comentó: “Todos los que se separan de la Sociedad y de su obra no prosperan ellos mismos ni edifican a otros en la fe ni los ayudan a cultivar los frutos del espíritu, sino que, según parece, hacen lo contrario, es decir, intentan perjudicar la Causa que en un tiempo defendieron, y, con más o menos escándalo, se hunden gradualmente en el olvido, perjudicándose a sí mismos y dañando a otros que también manifiestan un espíritu contencioso. [...] Si algunos creen que pueden conseguir un alimento bueno o mejor en otras mesas, o que pueden producirlo ellos mismos, que sigan su propio camino. [...] No obstante, aunque permitimos que otros busquen donde quieran el alimento y la luz que los satisfaga, sorprende que los que se vuelven nuestros enemigos escojan un camino muy diferente. En vez de decir con la actitud valerosa del mundo: ‘Adiós, he encontrado algo que prefiero’, estas personas muestran cólera, malicia, odio, contiendas, ‘obras de la carne y del diablo’, a un grado que jamás habíamos visto en la gente mundana. Parece que se les ha inoculado locura, rabia satánica. Algunos de ellos nos hieren y luego dicen que nosotros los herimos a ellos. Están prestos para decir y escribir despreciables falsedades y rebajarse hasta el grado de obrar con vileza”.
Sí, los apóstatas publican obras que contienen tergiversaciones, verdades a medias y completas falsedades. Hasta envían manifestantes a las asambleas de los Testigos con la intención de entrampar a los incautos. Por consiguiente, sería peligroso dejar que nuestra curiosidad nos impulsara a alimentarnos de esos escritos o a escuchar esa habla injuriosa. Aunque no nos parezca que supone un peligro para nosotros, aún existe un riesgo. ¿Por qué? En primer lugar, algunas publicaciones apóstatas presentan mentiras por medio de “palabras melosas” y “palabras fingidas”. (Romanos 16:17, 18; 2 Pedro 2:3.) ¿No es eso lo que se esperaría de la mesa de los demonios? Y aunque los apóstatas quizás presenten también algunos hechos, por lo general son sacados de su contexto con el propósito de apartar a otros de la mesa de Jehová. Todos sus escritos simplemente critican y derrumban. No hay nada edificante.
Jesús dijo: “Por sus frutos los reconocerán”. (Mateo 7:16.) Pues bien, ¿cuáles son los frutos de los apóstatas y de sus publicaciones? Cuatro cosas caracterizan su propaganda: 1) astucia; Efesios 4:14 dice que son “[astutos] en tramar el error”; 2) inteligencia con arrogancia; 3) falta de amor, y 4) diversas formas de falta de honradez. Estos son precisamente los ingredientes del alimento que se sirve sobre la mesa de los demonios, y su objetivo es socavar la fe del pueblo de Jehová.
Hay otro aspecto más que debemos examinar. ¿A qué han regresado los apóstatas? En muchos casos han vuelto a entrar en la oscuridad de la cristiandad y sus doctrinas, como la creencia de que todos los cristianos van al cielo. Además, la mayoría de ellos ya no mantienen una postura bíblica firme con relación a la sangre, la neutralidad y la necesidad de dar testimonio acerca del Reino de Dios. Nosotros, en cambio, hemos escapado de la oscuridad de Babilonia la Grande y no queremos volver nunca a ella. (Revelación 18:2, 4.) Como siervos leales de Jehová, ¿por qué querríamos siquiera echar un vistazo a la propaganda de los que han rechazado la mesa de Jehová y que ahora golpean verbalmente a los que nos ayudan a ingerir “palabras saludables”? (2 Timoteo 1:13.)
Puede ser que algunos tengan curiosidad por conocer las acusaciones de los apóstatas. No obstante, debemos tomar en serio el principio enunciado en Deuteronomio 12:30, 31. Ahí Jehová advirtió a los israelitas mediante Moisés sobre lo que debían evitar cuando desposeyeran a los habitantes paganos de la Tierra Prometida. “Cuídate por temor de que quedes entrampado tras ellas, después que hayan sido aniquiladas de delante de ti, y por temor de que inquieras respecto a sus dioses, diciendo: ‘¿Cómo acostumbraban estas naciones servir a sus dioses? Y yo, sí, yo, ciertamente haré de la misma manera’. No debes hacerle de esa manera a Jehová tu Dios.” Sí, Jehová Dios sabe cómo funciona la curiosidad humana. Recuerde a Eva y a la esposa de Lot. (Lucas 17:32; 1 Timoteo 2:14.) Nunca prestemos atención a lo que dicen o hacen los apóstatas. Más bien, mantengámonos ocupados edificando a otras personas y alimentándonos lealmente de la mesa de Jehová.
Protejámonos de los engaños de los apóstatas
Satanás lleva mucho tiempo usando a los apóstatas para embaucar a los siervos de Dios (Mateo 13:36-39). Por más que tales individuos afirmen adorar a Jehová y creer en la Biblia, rechazan la parte visible de la organización de Dios. Algunos hasta vuelven a defender doctrinas que deshonran al Creador y que enseña “Babilonia la Grande”, el imperio mundial de la religión falsa (Revelación 17:5; 2 Pedro 2:19-22). Bajo inspiración divina, los escritores de la Biblia denunciaron en términos muy vigorosos los motivos y métodos de los apóstatas.
¿Qué es lo que estos pretenden? La mayoría no se conforma con renegar de la fe que una vez quizá creyeron verdadera, sino que a menudo desean llevarse consigo a otros. En lugar de marcharse y buscar seguidores fuera de la congregación, muchos apóstatas tratan de “arrastrar a los discípulos [es decir, los de Cristo] tras de sí” (Hechos 20:29, 30). El apóstol Pablo dio esta apremiante advertencia respecto a los falsos maestros: “Cuidado: quizás haya alguien que se los lleve como presa suya” (Colosenses 2:8). ¿No resumen estas palabras lo que muchos apóstatas intentan hacer? Tal como un secuestrador que aleja de su familia a su desprevenida víctima, así procuran ellos atrapar a miembros confiados de la congregación y llevárselos del rebaño.
¿Qué métodos emplean los apóstatas para lograr su objetivo? Con frecuencia recurren a tergiversaciones, medias verdades y mentiras descaradas. Jesús sabía que sus discípulos serían blanco de individuos que levantarían “toda clase de calumnias” contra ellos (Mateo 5:11, Nueva Versión Internacional, 1990). Esos opositores malévolos dirían falsedades malintencionadas. El apóstol Pedro advirtió de que los apóstatas usarían “palabras fingidas” y ‘torcerían las Escrituras’ para alcanzar sus fines (2 Pedro 2:3, 13; 3:16). Y, por desgracia, así consiguen “[subvertir] la fe de algunos” (2 Timoteo 2:18).
¿Cómo podemos protegernos de los engaños de los apóstatas? Siguiendo este consejo de la Palabra de Dios: “Vigilen a los que causan divisiones y ocasiones de tropiezo contrario a la enseñanza que ustedes han aprendido, y [evítenlos]” (Romanos 16:17). Los ‘evitamos’ al no prestar oído a sus razonamientos, sea que los expresen en persona o mediante la letra impresa o Internet. ¿Por qué adoptamos tal postura? En primer lugar, porque la Palabra de Dios lo manda, y sabemos que Jehová siempre desea lo mejor para nosotros (Isaías 48:17, 18).
En segundo lugar, porque amamos a la organización que nos ha enseñado las preciosas verdades que tanto nos distinguen de Babilonia la Grande. Al mismo tiempo, reconocemos que el conocimiento que tenemos del propósito divino no es perfecto, sino que nuestro entendimiento espiritual ha ido ajustándose en el transcurso de los años. A los cristianos leales no nos incomoda esperar a que Jehová nos revele todos esos cambios (Proverbios 4:18). Mientras tanto, no abandonamos la organización que a Dios le complace usar, pues vemos pruebas irrefutables de su bendición sobre ella (Hechos 6:7; 1 Corintios 3:6).
El apóstol Pablo usa la palabra gangrena como metáfora de la enseñanza de doctrinas falsas y “vanas palabrerías que violan lo que es santo”. Él mismo subraya el peligro que tal habla acarrea a toda la congregación, al decir: “Porque ellos avanzarán a más y más impiedad, y su palabra se esparcirá como gangrena”. A continuación, cita ejemplos: “Himeneo y Fileto son de ese grupo. Estos mismos se han desviado de la verdad, diciendo que la resurrección ya ha sucedido; y están subvirtiendo la fe de algunos”. (2Ti 2:16-18.) En vista del anterior simbolismo de Pablo, en el que se representa a la congregación como un cuerpo con muchos miembros —pies, manos, etc. (1Co 12)—, el uso figurado de la gangrena, con su consiguiente peligro para el cuerpo humano, pone de relieve la importancia de eliminar de la congregación cristiana la doctrina falsa y el habla impía.
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